CDMX política

Cientos desfilan por la oficina de AMLO: quieren pedirle algo, verlo, al menos felicitarlo

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FOTO DE INTERNET

¡Oro finísimo!, así le voy a gritar, ¿sabe por qué?, porque ahora ya es Presidente de la República”, dice Juan Martínez Pérez, un hombre de la tercera edad que trae un sobre manila en sus manos y espera paciente afuera de Chihuahua 216 en la colonia Roma Norte.

Juan espera desde la mañana, llegó temprano a la casa de campaña de Andrés Manuel López Obrador, Presidente electo de la República. El hombre de chamarra remendada y mirada aguamarina llegó con una esperanza: ver a su “plata finísima”, como le ha gritado en los mítines desde que López Obrador era candidato a la Jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal.

“Yo siempre he ido a sus mítines, desde hace muchos años lo conozco. En una ocasión yo le grité: ‘¡Obrador eres como la plata fina que no se oxida, 0720 pura ley!’, como unas monedas de 25 centavos de planta que había antes y que las tirabas y sonaban muy bonito; esa plata no se oxida”, dice.

El hombre sonríe y sigue con su relato: “cuando llegó a Jefe de Gobierno [López Obrador], él recibía a 30 personas ahí en el Zócalo, en su oficina. Colocaban 15 sillas de un lado y 15 de otro. Yo fui como dos, tres veces. La tercera vez me tocó pasar y salió él con sus asistentes y le preguntaba a la gente: ‘¿Qué necesitas?, ¿en qué te puedo ayudar?’ Cuando llegó conmigo se me quedó viendo y me dijo: ‘ Espérame allá, cuando termine voy para allá’. Cuando terminó fue y me pasó a una oficina y le dijo a su asistente: ‘Te voy a mandar una persona para que le den un trabajo’. Le dije: ‘Obrador, muchas gracias’, y ya me iba, estaba como a 10 metros cuando volteo a verlo y me grita: ‘plata finísima’”.

Los ojos se le han humedecido. Juan, ahora entrado en años y con la cabeza totalmente blanca, dice que trae un proyecto para entregárselo a López Obrador. Lo vio en Azcapotzalco durante la campaña, se abrió paso entre el tumulto y afirma que el tabasqueño lo miró y le dijo: “Deja que pase esto, y búscame”.

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Pero afuera de la casa de campaña de la calle Chihuahua 216 es uno más. Nadie lo conoce, dice mientras agacha la cabeza.

“No me reciben, no me dicen nada. Hay tanta gente y todos quieren verlo, pero ahorita que salga, le voy a gritar: ¡Oro finísimo! Me voy acercar y le voy a entregar los documentos”, asegura.

Andrés Manuel arribó al lugar un poco antes de las once de la mañana, luego de una reunión con industriales en el hotel Hyatt Regency Polanco. Ha mantenido reuniones durante dos horas y media con dueños de medios de comunicación como Joaquín Vargas Guajardo, presidente del Consejo de Administración de MVS, Jaime Azcárraga, presidente de Grupo Fórmula y Ramón Alberto Garza, presidente de Código Magenta.

La reja del patio se abre y el Volkswagen clásico blanco de López Obrador se enfila hacia la salida entre la prensa y las personas que desde muy temprano lo esperan para pedirle trabajo, entregarle currícula, pedirle que las ayude a sacar a sus hijos de la cárcel, o un vehículo para trabajar como taxista y mantener a la familia, se aglutinan alrededor.

El chofer del tabasqueño se detiene. Hay empujones, gritos: “¡Licenciado, Licenciado, párese para una foto, por favor!”, le grita una mujer y el tabasqueño ordena que la dejen tomarse su fotografía.

El grito de Juan Martínez se ahoga entre el griterío del resto. El viejo no puede acercarse y la mirada se pierde en el vehículo blanco que avanza y que transporta a Andrés Manuel López Obrador.

La casa de campaña de López Obrador se ha convertido desde la semana pasada en el destino de un peregrinaje que nunca se acaba. A diario desfilan por la banqueta y hacen fila decenas de personas que buscan acercarse al tabasqueño.

Algunas, como Rosalía Flores González, de 62 años, quiere que el virtual Presidente de la República la ayude a sacar de la cárcel a su hijo Óscar Fidel Ríos Flores, un guardia de seguridad privada que fue sentenciado a 12 años de prisión por el robo de una cartera con 15 mil pesos durante un operativo del Condado de Sayavedra, en el municipio mexiquense de Atizapán, el 8 de junio de 2013.

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Diego Alejandro llegó desde el Edomex y pidió apoyo para conseguir un trabajo y una prótesis, para así poder mantener a sus hijas

Ríos Flores participó en el operativo en donde fue asesinada con un balazo en la cabeza la arquitecta Alicia Rebeca Rivera Ugalde, y fue acusado de robo con violencia y abuso de autoridad.

“Quiero que me ayude a esclarecer el caso para que mi hijo pueda salir. Ya me recibieron el expediente que le traje, pero quiero verlo, quiero decírselo, que me reciba”, dice la mujer que espera desde las seis y media de la mañana.

Rosalía usa muletas para desplazarse y afirma que vive sola y no tiene trabajo

“Le vine a traer el último amparo que metimos, porque hemos tenido abogados que nos han robado mucho y que los hemos dejado; otros que nos han dejado ellos porque no tenemos para pagar. Yo soy de la tercera edad, divorciada, discapacitada motrizmente y mi hijo está viviendo un infierno. Y yo también, mi único hijo varón”, dice.

Recargado en la barda de la casa de campaña hace fila Diego Alejandro González Ramírez, de 28 años. El muchacho llegó desde las diez de la mañana desde Nezahualcóyotl, Estado de México, para pedirle trabajo a López Obrador.

El joven perdió su brazo izquierdo y las dos piernas hace cinco años cuando se electrocutó trabajando en una obra. El Gobierno de Eruviel Ávila Villegas, cuenta, le donó las prótesis, pero la del brazo ya no le queda.

Con las prótesis Diego pudo trabajar un taxi durante unos años. El motor se descompuso y por falto de dinero, decidió vender el vehículo para ayudarse con la manutención de sus dos hijas de dos y cuatro años.

“Lo vi entrar ahorita, pero no me pude acercar. Había como 50 personas en la fila. Le vengo a pedir trabajo porque soy discapacitado, o que me done un vehículo para poder trabajar de taxista”, dice.

Enseguida de Diego está Salvador Hernández Martínez, de 51 años, originario del ejido de Santa María Mazatla, Jilotzingo, Edomex. El hombre trabaja la cantera y quiere que López Obrador lo emplee.

“Yo confío en él. Mi familia y yo lo hemos apoyado con votos desde el 2000, cuando jugó para Jefe de Gobierno y en las tres presidenciales”, dice.

–¿Y usted cree que le dará trabajo?– se le pregunta.

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–Es un albur. Si le dan a uno bueno, si no, pues la lucha se le hizo. Vengo a él, porque me quedé sin trabajo y he buscado, pero no encuentro.

Atrás de Diego está Socorro Alcántara Valdez, de 62 años y originaria de la Ciudad de México, quien también busca trabajo, pero para sus dos hijos.

“Le vine a traer dos currículums porque tengo dos hijos desempleados, un hijo y una hija”, dice.

–¿Por qué cree que López Obrador le puede ayudar?

–Porque él va a tomar posesión como Presidente y dijo que iba apoyar al pueblo. Mis hijos están sin trabajo, terminaron la preparatoria y pues tenían deseos de seguir estudiando, pero no se pudo– dice.

Ramón Benigno busca que el próximo Presidente de la República lo ayude a que reciba sus prestaciones de ley tras ser despedido de un ingenio azucarero en Puebla.

Ramón Benigno Pérez Aguilar trae una copias fotostáticas en las manos y una mochila negra colgando del hombro. Salió de Atencingo, Puebla, de madrugada para llegar a la casa de campaña de López Obrador muy temprano con la intención de verlo y pedirle ayuda.

El hombre de 72 años, cuenta, tuvo su primer contratiempo cuando dos “licenciados” que entraron a la casa de campaña del tabasqueño lo miraron de arriba para abajo y lo despreciaron. Pero no le importó y se apostó a un lado del zaguán, ataviado con su camiseta del partido Morena, a esperar a que alguien le recibiera sus papeles o entregárselos en la mano a López Obrador.

–Señorita, ¿qué están haciendo con la gente que viene a pedir audiencia con López Obrador?, ¿les están recibiendo sus papeles?– se le pregunta a una colaboradora del tabasqueño.

–No puedo dar información, contesta la mujer que recién llegó a la puerta en donde sólo estaba el guardia.

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“Vengo a pedirle que me ayude a recuperar mi pensión que me deben y que me ayude a que el sindicato nacional, el local y el seguro [Instituto Mexicano del Seguro Social] me paguen”, dice Ramón Benigno.

El hombre empieza a sollozar y a contar con la voz entrecortada que trabajó durante 35 años en un ingenio azucarero en Puebla y que fue despedido junto con 200 trabajadores sin liquidación.

“Aquí me dijeron que regresara luego, que está ocupado y que después viniera yo. Allá cuando fue a [Izúcar de] Matamoros tuve la oportunidad de verlo, de hablar con él; esperé a que bajara de su vehículo, le abro y le digo: ‘licenciado, con todo respeto le vengo a ver en nombre de Dios para que me ayude a recuperar mi dinero, porque no tengo nada, no veo desde hace cinco años a mi familia y mis nietos”, cuenta mientras llora.

–Trae la camiseta de Morena, ¿colabora en Morena?

–Fui representante de casilla. Allá pedí el voto para él.

–¿De qué vive?

–¿De qué vivo? De pura misericordia. Los compañeros con los que trabajo a veces, y que son de la Iglesia donde vivimos, me dan de comer a veces una vez al día, otras dos veces, una torta, un tamal, pero nada más, contesta.

Los petroleros también esperan afuera de la casa de campaña de Andrés Manuel. Llegaron en un camión de segunda, dicen, desde Villahermosa, Tabasco, para entregarle un proyecto para impulsar la democracia al interior del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRP) que dirige Carlos Romero Deschamps.

El Grupo Unido Regeneración Sindical (GURS) busca defender los derechos de los trabajadores petroleros que cada vez están peor, explica Federico Mora Palacios, dirigente de la agrupación.

“Apoyamos a Andrés Manuel, venimos desde Tabasco para hacerle llegar nuestro proyecto, que él ya conoce, pero queremos hacerlo de manera personal para tener la certeza de que nuestro proyecto llegue a sus manos”, dice Mora Palacios.

“Los petroleros estamos cansados. Queremos sacudirnos ya a la pandilla de los Romero Deschamps que no nos representa. Nuestras familias están padeciendo, no hay empleos”, afirma.

El 4 de julio pasado, Carlos Romero Deschamps firmó un desplegado a nombre del sindicato petrolero y anunció que asumía con “absoluto compromiso” la decisión de los mexicanos y que respetará la Presidencia del tabasqueño.

Romero Deschamps, también Senador de la República, siempre ha estado al servicio del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y de los mandatarios en turno.

Aunque los petroleros intentaron acercarse a López Obrador cuando el tabasqueño abandonó la casa de campaña en la Roma Norte un poco antes de las dos de la tarde para dirigirse a su segunda reunión con empresarios del día, tampoco pudieron.

Como Juan, Ramón Benigno, Salvador, Diego, Rosalía y Socorro se conformaron con verlo de lejos y con dejar, algunos de ellos, sus solicitudes sin pasar más allá de la reja blanca de acceso al inmueble.

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Con información de sinembargo.mx

 

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