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La protesta silenciosa en Campo Marte

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FOTO DE INTERNET

Al Campo Marte llega, el pasado día 24 de febrero, el comandante supremo de las Fuerzas Armadas y le van acompañando el secretario de la Defensa, el de la Marina Armada y el general comandante de la Fuerza Aérea.

A su derecha le siguen otros integrantes del gabinete presidencial y, unos pasos atrás, caminan solemnes los gobernadores de las entidades federativas, embajadores y agregados militares de muchos países. Las tribunas del campo Marte, pletóricas de jefes militares y de público en general que, emocionados —especialmente estos últimos—, esperan inicie tan emblemático ceremonial. ¡Es el izamiento de la bandera nacional a toda asta!

Entonces trompetas y tambores ordenan que todos los presentes adopten la posición de firmes y saluden respetuosamente al símbolo mayor de identidad como mexicanos, es decir, nuestra bandera.

Segundos después, el Presidente de la República extiende el brazo y presiona el botón con el que, de manera inmediata, comienza el izamiento de nuestra bandera en el asta central de Campo Marte. Por sobre las cabezas de los soldados aparece el verde de nuestro lábaro y ello anuncia la gigantesca, monumental, majestuosa bandera. Es tan enorme como el ánimo que impulsa al Presidente para desagraviar al Ejército mexicano.

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¡Pero, instantes después, la cara del Presidente se descompone y los gestos cambian de inmediato! ¡Hay una mueca de asombro que se ve en sus ojos y se pueden observar los pómulos deformados porque la mandíbula, tan apretada, amenaza con estallar! ¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué sucede?!

Es entonces que, atónitos, los invitados se percatan de que nuestra bandera está siendo izada al revés y el águila se encuentra cabeza abajo. ¡¿Cabeza abajo?! ¡Sí, el escudo nacional cabeza abajo!

¿Qué hacer? ¿Detener el izamiento, interrumpirlo y bajar la bandera para cambiarla de posición y colocar el águila —ahora sí— cabeza arriba? ¡No! ¡Sería peor la escena, concluyeron en un instante el Presidente y sus cercanos, de tal manera que continuó, insólitamente, el izamiento de nuestro lábaro con el escudo nacional de cabeza! ¡Inconcebible que esto pase en el Campo Marte con la presencia del Presidente, de los secretarios de Defensa y de Marina, con los gobernadores y con el cuerpo diplomático!

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Después de relatar esto, haga, estimado lector, un ejercicio mental para explicarse racionalmente este penoso acontecimiento. Pregúntese qué probabilidad existe de que esto le suceda al comandante supremo de las Fuerzas Armadas, al general secretario, al almirante secretario, a los generales y coroneles del Estado Mayor Presidencial, al general responsable del evento, a los capitanes, tenientes, cabos y soldados que participaron para preparar el lienzo, enrollarlo, trasladarlo y colocarlo, para, finalmente… ¡izarlo con el escudo cabeza abajo!

Sinceramente, la probabilidad es de 0.0001% o algo parecido a nada y, por lo tanto, tuvo que ser un error descomunal, inimaginable… o es, simplemente, un mensaje.

Y es que resulta tan obvio el apoyo de una parte del PRI (el charrismo sindical, la burocracia gubernamental, por ejemplo) a López Obrador, que quienes han sido ofendidos, humillados, afrentados, zaheridos por el candidato de Morena están enviando —a través del Presidente, que sigue siendo el comandante supremo del PRI— un mensaje que les resultará indeleble, inolvidable: ¡Tienen al país de cabeza y algunos de los principales responsables de ello le están aceptando, de facto, la ignominiosa amnistía a López Obrador!

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¿Cuál, si no ésta, es la explicación de la descomunal ofensiva mediática (en los noticieros de radio y televisión concesionada) en contra de Ricardo Anaya y del Frente? El tamaño de esta ofensiva sólo puede ser operada por instancias gubernamentales, y quien la planeó de esta manera sabe que esto sólo beneficia a López Obrador.

Esto es “una marcha hacia la locura”, haciendo referencia al libro de Barbara Tuchman, en donde la autora hace referencia a decisiones en los hombres de gobierno que son, a todas luces, insensatas, descabelladas, absurdas, extravagantes e irracionales.

Lo de la bandera izada al revés sería sólo una anécdota si no estuviéramos observando, ciertamente, una decisión del gobierno de continuar “una marcha hacia la locura”.

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Con información de Jesús Ortega.

 

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