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María Guadalupe tiene 64 años, no tiene una pierna y está estudiando ingeniería.

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FOTO DE INTERNET

La tragedia ha tocado varias veces a la puerta de María Guadalupe, no una ni dos sino tres veces, pero ni la muerte de su hijo, de su esposo y la pérdida de una pierna han logrado doblegarla y hoy, a sus 64 años de edad, cursa el primer semestre en ingeniería civil en la Universidad Politécnica de Francisco I. Madero, en el estado de Hidalgo.

En su silla de ruedas color amarilla, en la que se traslada, y con su bolso de útiles escolares colgado al cuello, esta mujer narra su vida en los pasillos de las aulas de la Universidad Politécnica, unidad Meztitlán.

Originaria del municipio indígena de Eloxochitlán, cuenta que de joven logró terminar sus estudios solo hasta la secundaria, y posteriormente contrajo matrimonio. Pero en el 2013 su vida cambiaría para siempre, primero porque en un asalto perdió a uno de sus hijos, y un mes después su esposo falleció en la Ciudad de México, tras una larga lucha contra el cáncer.

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En ese tiempo también le amputaron una pierna, “yo perdí la pierna porque soy diabética y allá en Eloxochitlán hace mucho frío, y ahí se anda siempre con botas y en mi bota se le clavó una tachuela y ni cuenta me di, hasta que me empezó el dolor en mi pierna, y yo decía, “es la circulación” y tomaba medicamentos para la circulación, hasta que mi dedo grande se murió por lo que me lo quitaron y a los dos meses, la pierna”.

En ese mismo lapso de tiempo sufrió la pérdida de sus seres queridos, lo que le ocasionó una fuerte depresión y pensó: “si estoy aquí, en la casa, pronto me voy a morir”, de eso, cuenta, tiene ya tres años y medio. Entonces decidió acudir al tele bachillerato de la comunidad, “fui con el director y le dije que si me daba chance estudiar, porque yo me sentía muy mal y no quería acabar muerta”.

El 30 de junio recibió su certificado, María Guadalupe Vargas Escobar había culminado la preparatoria. Pero a esta mujer las puertas nunca se le han cerrado, también tiene estudios de enfermería, profesión en la que se desempeñó durante algún tiempo, ayudando a los más pobres de su comunidad.

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Guadalupe también es estilista y al tener dos unidades de taxi, que eran conducidas por dos personas a quienes había contratado y quienes varias veces le intentaron sacar dinero, decidió estudiar mecánica.

Pero su verdadera pasión es la construcción, cuenta que siempre ha estado interesada en ello, haciendo pisos para su hogar, algunos muros y bardas. Pero hace poco tiempo necesitó de un puente para su terreno por lo que decidió empezar su construcción.

Guadalupe enfatiza, “le voy a echar ganas y voy a sacar mi carrera. Si yo me hubiera quedado así cuando me quitaron la pierna ya no viviría”.

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Con información de El Universal.

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